MI AMIGO IMAGINARIO Y LOS CAMINANTES VENDADOS

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MI AMIGO IMAGINARIOS Y LOS CAMINANTES VENDADOS

En un pueblo como el que abunda en cada rincón del mundo, nace un bebé arrullado por las ilusiones de una madre, mientras una sombra difusa e incierta se acostumbra al ambiente.

Tras la puerta de ese hogar, la mirada del niño mayor de los dos hijos, que a pesar del frío y denso ambiente, comprueba que su madre y hermano estén bien, alza la mirada intempestivamente al escuchar los pasos de su padre —¡Campeón!—, y la mano de él acaricia su cabello. Su madre acomoda al bebé en la cuna, mira al otro pequeño y dándole un beso en la frente lo devuelve a su cuarto a dormir. Y percibe nuevamente el ruido intenso del silencio, previo a desatarse una tormenta. Durante ese lapso de tiempo, los escucha sin lograr entender por qué sus padres se tratan con frialdad e indiferencia. Ese incómodo silencio, es roto bruscamente por gritos y objetos que se estrellan. Acojonado, el niño se acerca a la cuna de su hermano, comprueba que él duerme y empieza a jugar y saltar en la habitación encerrándose en su propio mundo, donde los monstruos de debajo de la cama comienzan a ser sus amigos imaginarios y ya no llegan las voces de los padres.

Mas, a la hora de ir al colegio, «su amigo imaginario» no puede acompañarle; lo sabe, por ello ha de quedarse en el armario y ¡vaya suerte la del chico con la que se armó anoche entre sus padres! Su madre afligida no ha parado de llorar en el carro y se arrepiente hasta de los pequeños. —«Y es que he perdido la cuenta de cuánto se ha quejado por sus decisiones»— Se lamentaba absorto con la mirada perdida a través de la ventana del auto. Así transcurre mi infancia entre monstruos que al inicio se muestran inocentemente como «amigos imaginarios» y que me transportaron a otros mundos, al de ellos; cuidando siempre de no ser sorprendido por mis padres porque me daba cuenta ellos no entendían. ¿Por qué y en qué momento los adultos dejaron de creer y por qué esa venda en los ojos? ¿qué no os dais cuenta que no os permite mirar? pero sin embargo, qué diestros vuestros movimientos; no menos es, el de mis oídos infantes que obstruyeron cualquier ruido que provenía de sus corajes, con ayuda, claro está de «mi amigo imaginario», ese que a cierta hora sale del armario para brincar conmigo en la cama y del que vosotros jamáis os habríais percatado. Entre culpas y quejas crecimos; y en hallar culpables como compañeros y desconocidos, fuimos otorgando espacio a ese «amigo imaginario» que de inocente ya no tenía nada. Curiosamente en esta supuesta igualdad de sexos que ya se ve que es una guerra sin cuartel, empecé a actuar como mi padre y de a poco me fui colocando una venda en los ojos uniéndome a la legión de caminantes vendados cual zombies guiados por una sola voz.

Un día, de regreso a la casa de mis divorciados padres, entré a mi viejo cuarto en el que aún conservaba los objetos de mi infancia y tras los golpes desde dentro del armario, abrí la puerta y lo vi salir con pasos decididos, alejándose como sabiendo cuál era su lugar.

Con el tiempo, tras mi voto electoral, lo reconocí en la curul donde se colocaba; al tanto una sociedad se desmorona desde sus cimientos. Y helos ahí, como dioses paganos a los que desde tiempo atrás les dimos espacio y se posicionaron distorsionando todo por lo que alguna vez creímos.

Y por cada cien miradas de infantes está a la espera una curul a ser ocupada, pues con la venda en los ojos, decidimos pasar allí, al monstruo de debajo de la cama, haciendo de nuestros miedos una realidad mientras vemos decaer todas nuestras creencias.

Pero así como en este mundo hay noche, también hay día. Y está en nosotros quitarnos la venda y retomar la luz, para así ver y derrotar al verdadero enemigo, con el corazón noble, la mente fría y la energía en el alma.

Esa fue mi elección tras la lección aprendida de mi propia infancia y la de los adultos, mis padres.

Realizado por: Patricia y Nikolaos

(@_Elegias y @PrinceNikkola)

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