Cabalgando por un sueño

Tengo en mi mente el corto fragmento de un sueño, con imágenes que, siendo fantásticas las he sentido tan reales, dejándome una sonrisa que perdurará en cada reminiscencia del mismo.

No quiero olvidarlo y por eso lo comparto a continuación.

Recuerdo que era un día brillante y muy soleado, yo estaba  sobre el lomo de un caballo, vestida con una túnica blanca transparente, que contrarrestaba con el color azabache del corcel. No cabalgaba, sino volaba entre las nubes, sobre valles y montañas, las aves revoloteaban a mi alrededor y me sonreían, me detuve sobre un lago maravilloso donde había una cascada de agua cristalina.

De pronto frente a mí, tu silueta aparecía en el cielo,  abriéndote paso entre las nubes, llegabas sobre un corcel blanco, luciendo un pantalón y botas negras y una camisa blanca desabotonada en el pecho, tu media melena haciendo ondas en el viento y reflejando  los rayos del sol; al mirarme, sentí tus ojos irradiando fuego, te acercaste con esa sonrisa seductora encerrada en tu barba de candado y me extendiste tu mano para hacer contacto con la mía y así, entrelazados los dedos descendíamos hasta la cascada donde nos quedamos  bajo el juego de luz que resultaba del agua y los rayos del sol, bañándonos de deseos y anhelos, sin pronunciar ni una sola palabra pero diciéndonos todo en un abrazo infinito.

Esos sueños son los que dejan los latidos encendidos y el deseo de seguir soñando despierta.

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