Aura estaba en el diván frente a su terapista, contando todo el huracán de sucesos que había pasado en su vida esos días, con los ojos enrojecidos e hinchados por haber llorado, no de dolor e impotencia sino en forma de desahogo, ya que no fue allí en busca de respuestas, sino por ratificar las que ya sabía. Cuando terminó de hablar, la doctora le pidió hacer un ejercicio mental.

—Cierre los ojos y ponga su mente en blanco —le dijo la doctora— no piense en nada este momento, nada está en su mente, nada. Ahora imagine un lugar donde sienta paz y seguridad, un lugar hermoso en el que quisiera vivir y nunca más salir. Imagine que recorre ese lugar, desprovista de todo lo material, donde crea que nadie puede entrar para hacerle daño, solo usted está allí, nadie más, sienta cómo la brisa le acaricia y a cada paso que da se va llenando de seguridad y confianza. Piense que ese es el mejor lugar del mundo donde este momento pueda estar.

Aura, buscando en su corazón más que en su imaginación, visualizó ese maravilloso lugar que le pedía su doctora, estaba resplandeciendo en su mente, latiendo en su corazón, respirando en sus pulmones, cada vez se hacía más visible y mientras escuchaba empezó a sentir que todo su ser se trasladaba allí.

—Este momento está observando una luz pequeña que se acerca poco a poco —continuó la doctora— Se empieza a ser grande y está tan cerca de usted, que le invade todo su cuerpo, ahora es tan resplandeciente que le ciega y solo puede sentir esa luz que se impregna sobre usted y le proporciona profunda, infinita paz.

Mientras Aura recorría ese lugar dentro de su mente, de sus ojos empezaron a brotar sin cesar lágrimas, pero no eran lágrimas de dolor, eran diferentes, como nunca las había sentido, bajaban copiosamente por sus mejillas como bañando tibiamente su rostro, su ser, su alma. No pensaba en nada, solamente se sabía en ese lugar, como que estuviera en un santuario, en su templo de felicidad.

—Ahora respire profundamente —dijo, trayéndola de regreso— abra sus ojos muy lentamente. Ese lugar donde estaba este momento será su lugar seguro, su refugio para que acuda allí cada vez que sienta que lo necesita. ¿Me podría describir ese lugar?

Ella, secándose sus lágrimas miró a la doctora y le dijo  —No es exactamente un lugar, es una persona, es un corazón, un alma. En mi mente estaba él, sólo él, el ser que entre tanto dolor, me dio felicidad y amor. Él.

—Está correcto, eso es lo que usted eligió, allí se siente segura —le dijo la doctora— desde este momento podrá ir allá cada vez que su corazón lo necesite.

Fuiste lo bello

con que Dios quiso

recompensar mi vida.

Por eso te guardo como

mi refugio y mi santuario.

16 comentarios sobre “Refugio y Santuario

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  1. ¡Qué hermoso!, ¡qué cierto y profundo! Me identifiqué con todo, pero sobre todo con el final, también mi amado es mi refugio, me da la energía que necesito para seguir aquí y me comparte su energía para hacerme sentir feliz.
    Muchas gracias por compartirlo.
    Abrazos de luz.

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