Poetas del mundo

Teresa Aburto Uribe, nació en Chile en 1965.

 

TE DOY EN ESTE PAPEL

 

Te doy, en este papel,

un pedazo del ser que

me pertenece,

un poco del sol que

me alumbra a diario,

un poco de Dios que

me fortalece.

Te doy, en este papel,

insignificante espacio

de inspiraciones,

un poco de mis tardes

tan solitarias,

un poco de mi risa

que existe siempre.

un poco de silencio

poblado de locuras,

un poco de mi pasado

y de mi presente.

Te doy, en este papel,

un poco de mis ganas

de andar la vida,

un poco del calor

de un verano sureño,

un poco de cordillera,

de Pacífico y nieve.

En fin, te doy un poco

de todo lo que soy,

porque soy esto

que vea a diario,

con el Sur prendido

entre los labios,

con las palabras

como único puente.

Con un único tesoro,

esta poesía que se abre

para vos en este instante

para hacer de la amistad

un estandarte

para agradecer

esta oportunidad

que nos dio la vida.

 

Teresa Aburto Uribe

 

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Allá en el fondo del pozo donde las florecillas

donde las lindas margaritas no vacilan

donde no hay viento o perfume de hombre

donde jamás el mar impone su amenaza

allí allí está quedo ese silencio

hecho como un rumor ahogado con un puño

Si una abeja si un ave voladora

si ese error que no se espera nunca

se produce

el frío permanece

El sueño en vertical hundió la tierra

y ya el aire está libre

Acaso una voz una mano ya suelta

un impulso hacia arriba aspira a luna

a calma a tibieza a ese veneno

de una almohada en la boca que se ahoga

¡Pero dormir es tan sereno siempre!

Sobre el frío sobre el hielo sobre una sombra de mejilla

sobre una palabra yerta y más ya ida

sobre la misma tierra siempre virgen

Una tabla en el fondo oh pozo innúmero

esa lisura ilustre que comprueba

que una espalda es contacto es frío seco

es sueño siempre aunque la frente esté borrada

Pueden pasar ya nubes Nadie sabe

Ese clamor ¿Existen las campanas?

Recuerdo que el color blanco o las formas

recuerdo que los labios, sí, hasta hablaban

Era el tiempo caliente. Luz inmólame

Era entonces cuando el relámpago de pronto

quedaba suspendido hecho de hierro

Tiempo de los suspiros o de adórame

cuando nunca las aves perdían plumas

Tiempo de suavidad y permanencia

Los galopes no daban sobre el pecho

no quedaban los cascos, no eran cera

Las lágrimas rodaban como besos

Y en el oído el eco era ya sólido

Así la eternidad era el minuto

El tiempo sólo una tremenda mano

sobre el cabello largo detenida

Oh sí. En este hondo silencio o humedades

bajo las siete capas de cielo azul yo ignoro

la música cuajada en hielo súbito

la garganta que se derrumba sobre los ojos

la íntima onda que se anega sobre los labios

Dormido como una tela

siento crecer la hierba verde suave

que inútilmente aguarda ser curvado

Una mano de acero sobre el césped

un corazón un juguete olvidado

un resorte una lima un beso un vidrio

Una flor de cristal que así impasible

chupa de tierra un silencio o memoria.

Aleixandre Vicente.

1898-1984

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